La tristeza del extrañar
Es el eco de tu rostro que golpea al despertar,
después de una tarde opaca en algún rincón
vulgar.
Es un caracol gigante, pero no con ruido a mar,
sino con las melodías de tu ser, de tu alma
corriendo un amanecer.
Es el eco tibio que se queda en la penumbra
del lugar o más precisamente en la ineludible
tristeza del extrañar.
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